Uncategorized

hamacas de jardin montevide

Tuve suerte. El ama Raisha no preguntó nada cuando Zulema me llevó ante ella y sus hijas. Una muchacha de aspecto árabe y vestida con sólo un delantal a cuadros se presentó e hizo una profunda reverencia ante la señora. — replicó la señorita Míriam dándome una patada en la cabeza con la bota que ya le había abrillantado — pero si no es capaz de hacer nada bien… y apenas habla el árabe. La señorita Míriam y la señorita Selma entraron y se sentaron a la mesa de la cocina. Me arrodillé y tuve que meterme bajo la mesa. Espero que las curas que te hice te ayuden a cerrar las cicatrices — me dijo y me abrazó con cuidado antes de meterme en la parte posterior del automóvil, donde la perrera. Las sábanas sucias y su camisón ya los limpiaría después. El ama Anasia se rió y dándose la vuelta se marchó haciendo resonar las suelas de sus chancletas, tanto contra el pavimento como contra las plantas de sus pies.

MIL ANUNCIOS.COM - Jardin hamacas

—Sí ama Selma, gracias ama Selma — le dije sin saber porqué tenía que darle las gracias pero eso nos decía Zulema que debíamos hacer después de que cualquiera de las señoritas nos mandara hacer algo. Yo estaba llorando, en el suelo, mirando la estampa: Las tres señoritas de pie y el cuerpo martirizado y sin vida de Dulcita a sus pies. Oímos sus gritos y vimos su carne abrirse a cada latigazo y manar sangre y estremecerse su cuerpo. Luego me echó unos polvos desinfectantes y con las manos enguantadas y provista de un cepillo de aluminio me fregó todo el cuerpo produciéndome mucho dolor. Desde que Zulema nos levantaba a las cuatro de la mañana hasta que caímos rendidas en el suelo de una húmeda habitación del sótano, nos pasábamos el día fregando y limpiando. Durante la mañana me encontré con Flor. Esa noche recibí una terrible paliza que por orden de Anasia me propinó Flor. La perspectiva me resultaba insufrible, así que mordiéndome los labios hasta hacerme sangre comencé a descargar latigazos con la cimbreante fusta sobre la espalda de Flor. Con solo pulsar un botón este pequeño aparato que se coloca en el dedo índice puede medir con precisión el nivel de oxígeno en sangre.

El ama Zaida estiró las piernas y apoyó los tacones de las botas sobre la cabeza de su esclava y retomó la lectura que había interrumpido para castigar a la negra. Dulcita sacó la sartén del fuego y sirvió los huevos revueltos en el plato de su ama. Tuve que subir las escaleras que iban del garaje al interior de la casa a cuatro patas. Desde la casa pudimos ver el duro castigo que recibió nuestra compañera. Era la más mayor y más antigua y hacía las veces de esclava de confianza del ama Raisha, algo parecido a lo que hacían Muntai y Umke en casa de Lady Hamilton. Muntai me encadenó las manos y los tobillos y me llevó hasta el lujoso automóvil que estaba aparcado delante de la hacienda. La llevó hasta la parte trasera del inmenso jardín, donde tenían las cuadras. Cuando me tocó lavarle la entrepierna vació el agua de la bañera y, como la primera vez que se lo hice, la estuve acariciando la cuquita hasta que se corrió en mi mano.

El trabajo era cada vez más pesado y tanto la señora como su hija no dejaban de ser exigentes por ello, lo que nos suponía más castigos. Se lo tenían bien merecido por tanta actividad y tantos nervios antes de un día tan señalado como el de la boda de la hija mayor. Enséñale bien antes de que sirva aquí arriba. Además, la puedes guardar fácilmente cuando no la utilices, por lo que es una buena opción para espacios más pequeños. —Sé que te hice mucho daño, pequeña, pero sabes que no tenía opción. Desde que era de su propiedad pasaba muchas horas junto a ella. Me puse roja de vergüenza y ella lo notó. La típica compra a la que seguro le sacas partido los próximos meses y que puedes usar en tu terraza o jardín o en la playa y la piscina para tener siempre fría la bebida.

Si eres de los que disfruta tomar el sol durante horas, compra una de nuestras elegantes tumbonas reclinables con o sin ruedas para que las coloques al lado de la piscina o donde más te apetezca. Con una manguera me mojó a chorro. —Sí ama Raisha… — contestó la muchacha volviendo a hacer una reverencia. Aquella noche subí dispuesta a dar placer al ama Anasia pero en lugar de eso me ordenó atar a Flor, su hermana, a dos argollas incrustadas en la pared, junto a la ventana. Cuando se despidieron miré por la ventana y vi cómo Jasmina golpeaba en la cara a Mina mientras se dirigían al lujoso automóvil que las esperaba. Tenía las cicatrices del último castigo recibido por mi antigua ama Catherine, treinta latigazos recientes. Ve deprisa porque cuando acabe te llamaré para que me seques — me dijo mi ama. Te he tomado mucho cariño y me dolió a mí tanto como a ti cada latigazo que tuve que darte. Entre tanto los dos mozos estaban de pie, sujetando las riendas de los caballos en actitud sumisa.

Si tiene alguna pregunta sobre dónde y cómo utilizar tumbona plegable plastico , puede llamarnos a nuestro propio sitio de Internet.

Publicaciones Similares

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *